Y salì del metro

Salgo esta mañana del metro, Filles du calvaire. Buscaba hacer algo esta mañana que finalmente puedo ausentarme de mi realidad cotidiana, tal vez ir a caminar un poco y al mismo tiempo mirar las càmaras de fotos, para distraerme a lo mejor, no creo que compre nada. Pasar a Bastille tal vez, a saint-Paul si aùn tengo el tiempo, mirar a los turistas y a la gente extraña o extrabagante que se encuentra en la rue saint-Antoine entre los mercaditos, las panaderìas y los almacenes de ropa y zapatos baratos.

Pero no, creo que no voy a ir hasta Bastilla, recuerdo ahora que tenìa que pasar a la casa de Juan, estarìa bien si lo hago esta mañana que no tengo demasiadas cosas que hacer, que por fin puedo escaparme un poco de la cotidianidad, hablaremos un poco, sentados el uno frente al otro, delante de una tasa de café o de té, aùn no es el invierno pero siempre da gusto beber algo a la mitad de la mañana, con Paul o con Juliette, en la universidad, en medio de dos cursos, perder un poco el tiempo y hablar de eso, de la cotidianidad, de has avanzado o no, de voy a la biblioteca hoy o no, del dìa, de hace frìo o no, o hace calor o no.

Empiezo a andar, de repente me paro al frente de una vitrina, a ver qué tienen, simplemente a mirar la cara del que està al lado, con unos tennis de caminata; este debe ir hasta en Africa para hacer fotos. Sigo caminando, remonto las calles, conociéndolas vagamente pero sin mirar el nombre; conozco el camino que lleva a Juan. Me paro un momento otra vez, para mirar el gato en la vitrina, el gato negro que me mira con ojos inquietos; imágenes guardadas en memoria, cuando no tengo mi cámara conmigo.

Remonto aùn las calles. Por fin llego a la puerta indicada, miro antes el número, historia de no equivocarme. El código de su puerta està archivado en algún lugar en mi memoria, ya, lo tengo. El interfono, cuarto piso…

–         Hola Juan, soy yo, recordé que tenía que pasar para hablar del proyecto, tenía la mañana libre y sabìa que estarìas en casa, siento no haberte avisado antes de venir.

–         Dale, no te preocupes, a propósito, buscaba información para completar cosas que nos harían falta. Juliette està aquí también.

Las puertas en hierro forjado se cierran delante de mì, cuarto piso. Juan, Juliette y Paul están allì, no sé porque me parece tan extraño encontrarlos allì, juntos, generalmente siempre estamos juntos en la universidad, a la salida de clases. Mil cosas vienen a mi cabeza, porqué yo no estoy invitada a la reunión, y de inmediato me hago historias en la cabeza como sucede siempre. Luego tengo la explicación, todos nos encontramos allì por casualidad, llegamos asì, pensábamos al proyecto y pasar a la casa de Juan.

Cada uno tiene algo qué decir, la cotidianidad o aportar ideas para el proyecto, hay que hacerlo al final de año. Al cabo de dos horas, sabemos que es suficiente por hoy. Juan y Juliette se quedan para trabajar sobre una exposición o algo por el estilo. Paul me dice de venir a dar una vuelta por Bastille, ya que tengo el tiempo, no rechazo, además està casi al lado, y a lo mejor pasamos por el mercadito, para mirar a los turistas y a las ancianas con los carritos de mercado, los árabes que gritan “un euro les bananes un euro les bananes”. El tipo de las nueces y los quesos verdes, amarillos, azules. Los grandes tomates rojos al lado de los tomates violeta, al lado del hinojo. La ropa y los zapatos baratos al lado del brocanteur.

Extrañamente cuando salimos a la calle, los olores no son los mismos, ni el ambiente en las calles, eso no parece filles du calvaire ni Bastille. Los rostros de la gente no son iguales, ni la mirada en sus ojos, la gente corre apurada, con prisa en los rostos y en la manera de andar… otro barrio a lo mejor. Descubro un ley en medio de la calle, los buses blancos y las busetas verdes, recorro las calles con mi mirada sorprendida, descubro los cerros al fondo del paisaje, las terrazas de café no estàn màs. Encuentro una placita con vendedores ambulantes que ofrecen de todo un poco, que hacen dibujos, un tipo del otro lado de la calle que toca el saxofon. La gente se amontona en la acera y se empujan unos a otros para pasar màs ràpido. Miro al lado mìo para ver si Paul està aùn allì y me doy cuenta de que él mira este espétaculo tan sorprendido como yo. Nos paramos un momento en otra placita, reconozco la iglesia de Lourdes, un cuentero en medio de un grupo de personas. De repente la curiosidad me sorprende aùn màs, quiero ir màs lejos, quiero recorrer màs, quiero ver otro poquito, llegar un poco màs lejos.

De repente Paul me dice que tenemos que irnos, que la vuelta està terminada. Salgo esta mañana del metro, Filles du calvaire. Buscaba hacer algo esta mañana que finalmente puedo ausentarme de mi realidad cotidiana.

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